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de Almudena Domínguez Arranz[1]

Museología participativa, museología social.  

La función de los educadores de museo.

 

Aunque podría parecer que el concepto de museología participativa es nuevo, nada más lejos de la realidad, algunos museos escandinavos  en el último cuarto del siglo XIX tenían estos planteamientos, y, a la sazón, también el Newark Museum de New Jersey presentaba como uno de los objetivos de la institución prestar la misma atención a la educación que a las colecciones y exposiciones museográficas.

El museo contemplaba por primera vez al visitante como sujeto de interés, y las colecciones eran significativas en tanto en cuanto que estaban al servicio del público, para desarrollar sus habilidades y capacidad experimentación. Para entonces en USA se habían creado museos como el Metropolitan Museum of Art o el Chicago Art Institute, entre otros. A través de ellos se fijaría el concepto de museo como entidad orientada a la educación frente a la idea de gabinete de curiosidades o templo de las Musas que había prevalecido, sin embargo la noción que se tenía de educación era restrictiva, ya que se consideraba que los estudiantes debían ir al museo para entrar en contacto directo con los objetos y, delante de ellos, desarrollar su propio juicio crítico sin ayuda de nadie, mientras que la educación era un deber de las escuelas no del museo.

Sin embargo el museo además de proteger, restaurar, investigar y exhibir, debe concebirse como un lugar un espacio de reflexión y concienciación de los más jóvenes como plantea el Museo Pedagógico y del Niño de Castilla-La Mancha (Albacete, España), que en sus programas educativos busca no dejar impasible al visitante sino trasladarle hacia una mínima reflexión sobre la problemática que afecta a la infancia en el mundo, y de la que somos testigos a diario. En el Museo de los Niños de Buenos Aires, un centro interactivo que recrea los espacios de una ciudad construida a escala infantil, se simulan acciones ligadas a su entorno social, como la compra en un supermercado, la apertura de la caja fuerte de un banco, la realización de programas mediáticos, entre otras.

Fundado en 1899, el Brooklyn Children’s Museum fue el primer museo infantil que aplicó la interactividad en sus exposiciones, con unos atractivos proyectos concebidos por sus educadores para potenciar la creatividad y capacidad crítica de los niños, además de fomentar el respeto por la diversidad cultural. Cuenta además con una biblioteca especializada y el programa ‘The Cultural After School Adventures programs (CASA)’, que incluyen talleres de jazz, blues, percusión, poesía, títeres, danza, patrocinados por el ayuntamiento de New York, y funcionan en horario extraescolar para frenar el vagabundeo de los niños que no pueden ser atendidos por sus padres en este horario.

Contar con la colaboración de los docentes en el proceso de creación de programas educativos en los museos conduce a un mayor éxito en los resultados de las propuestas. Recuerdo uno de los proyectos estrella del National Museum of Coins and Medals de Leiden que estaba orientado a niños de primaria, el ‘Museum & School’ desde su gestación contó con la colaboración y opiniones de los profesores. Incrementar el interés por la cultura, considerar el museo como fuente de información y un lugar para aprender y pasarlo bien, fueron los principales objetivos de sus museólogos y educadores. A partir de las monedas y los billetes se planteaba reforzar conceptos del programa curricular, de aritmética, pero también aspectos de historia y sociología ligados al dinero.

En una sociedad como la nuestra donde predomina la información audiovisual, los medios tecnológicos ayudan a fomentar la comunicación y la capacidad participativa, fundamental en el entorno educativo porque permite al estudiante explorar sus propias estrategias de aprendizaje profundizando según su propio interés. Pero también ha de cuidarse su correcta aplicación y no incurrir en errores del pasado por una mala o abusiva utilización de la tecnología mal llamada audiovisual. Como apuntan Thomas y Mintz incorporar un ordenador a una exposición aburrida no conseguirá más que una exposición aburrida con un ordenador. Si uno de los objetivos de los educadores de museo es lograr la mayor eficacia en la transmisión de los mensajes expositivos, está claro que los sistemas tecnológicos bien entendidos se plantean como instrumentos que facilitan la intervención del espectador, esto es pasar de ser sujeto pasivo a sujeto activo siendo actor de su propio aprendizaje.

Esto entra de lleno en la consideración del museo como herramienta de dinamización social, puesto que debe animar a la participación de las propias comunidades en la conservación y difusión de sus bienes culturales. En Latinoamérica la museología social es donde está más arraigada. Un ejemplo es el brasileño Ecomuseu Comunitário de Santa Cruz, en Matadouro, Río de Janeiro, el cual a pesar de no disponer de la infraestructura y personal de los grandes museos, sin embargo fomenta de manera muy efectiva la participación comunitaria con talleres vinculados a un entorno social y cultural desfavorecido, además de crear recursos muy variados e imaginativos. El objetivo de los programas es ayudar al visitante a descubrir su identidad, a despertar el interés por conservar y difundir su propio patrimonio, en serio peligro de extinción.

Por otra parte, y saltando de continente, en relación con la responsabilidad de los museos y su función inclusiva, me parece interesante nombrar el ‘Museum Education Project of Africa (MEPOA)’, proyecto que en su fase inicial entre 1998-1999 fue co-coordinado por el ICOM y desarrollado en Bulawayo, Zimbabwe, con el objetivo de sensibilizar al público en la necesidad de proteger el patrimonio y la cultura popular, además de potenciar el papel de los museos en la educación y favorecer una mejor  integración en la vida de la comunidad. Este proyecto se enmarca en los ‘Popular education programs in West Africa Museums’ de la UNESCO. En la segunda fase del programa, 2001, se seleccionó el proyecto ‘Pottery of Burkina Faso - Women's Skilled Hands’, un proyecto de animación relativo al trabajo de las mujeres con la finalidad de acercar las comunidades rurales a los museos de Burkina Faso. Se llevó a cabo una programación de encuentros con docentes de las escuelas, además de talleres donde lo importante era la participación de las mujeres compartiendo sus habilidades personales y experiencias ancestrales en el desarrollo de esta artesanía tan popular en estos países.[2]

 “Cuando nos dijeron que venía la Cebra sobre ruedas (Pitse ya Naga) fue como un sueño, porque los del pueblo no podíamos ver el museo sin viajar hasta Gaborone", relata el director de la escuela Masokola en Serowe, una población del distrito central, a más de 300 km de la capital de un país en el que casi el 80% de la población vive en la zona rural, en referencia al servicio móvil del National Museum and Art Gallery de Botsuana y su labor de conocimiento de la historia cultural de los grupos nativos.

No es una idea nueva. De nuevo hay que mencionar a los ecomuseos escandinavos, pioneros en el período decimonónico, como el sueco Skansen al aire libre, y en el primer cuarto del siglo XX otros en los Países Bajos y Alemania. En ellos, como en Francia, hacia los años 60, y en demás países europeos y del continente americano, a partir de los 80, se perseguía también la aproximación de las comunidades rurales a las sociedades industriales a través de actividades artesanales, comerciales, sociales, musicales, recreativas, de restitución de la vivienda, etc. El impulso y organización de estas acciones debe prevalecer en el siglo XXI contribuyendo a que el medio físico posea el contexto histórico necesario para convertirlo en una experiencia social y educativa, colaborando de esta forma a la inclusión de la población autóctona y la recuperación y revalorización de las tradiciones y de su patrimonio material e inmaterial, en constante peligro. Hacer los museos más sociales “en y con todos los sentidos”.

 

Algunas referencias bibliográficas

Cotton, B.; Oliver, R.: Understanding Hypermedia. Multimedia Origins, Internet Futures: From Multimedia to Virtual Reality, London, 2000.

Domínguez Arranz, A., García Sandoval, J., Lavado Paradinas, P.: Actas del II Congreso  Internacional de Educación y Accesibilidad en Museos y Patrimonio. En y con todos los sentidos: hacia la integración social en igualdad, Huesca: Universidad de Zaragoza, Máster en Museos: Educación y Comunicación, 2015. 3 tomos. http://www.mastermuseos.es/?p=9610/ http://www.raco.cat/index.php/Hermus/issue/view/23920/showToc/

Domínguez Arranz, A. y Antoñanzas Cristobal, M. V.: “Formación y educación en museos: un diálogo a varias voces “, Museos.es 11-12, 2017.

Etienne Nugue, J.: Háblame de la Artesanía, UNESCO, 2009. http://unesdoc.unesco.org/images/0018/001814/181443s.pdf

Fernández, L.: “The Brooklyn Children’s Museum. El primer museo infantil del mundo”, Revista de Museología, 8, 1996, 57-60.

Kotler, N.: “La experiencia museística. Cómo disfrutar de lo que ofrece el museo”, Revista de Museología 18, 1999, 19- 27.

Los, A.: “The richest museum of Leiden. An aducational project of national museum of coins and medals in the Netherlands”, I Congreso Internacional de Museología del dinero, Madrid, 2001, 359-61.

Madondo, T., “En Botsuana: un puente sobre el foso de la ignorancia”, Museum 144, 1982, 189-93.

Thomas, S.; Mintz, A.: The Virtual and the Real: Media in the Museum, Washington, 1998.

Villar, J.R.: “Apostillas para una reflexión acerca de la adaptación de los museos a las demandas del siglo XXI”, I Congreso Internacional de Museología del dinero, Madrid, 2001, 241-48.

[1]Directora del “Máster en Museos: Educación y Comunicación” (www.mastermuseos.es) Universidad de Zaragoza, España.

[2] Recientemente, tras los acontecimientos que sacudieron a la vecina República de Malí en 2012 y sus fatales consecuencias para el país, el ICOM, la Smithsonian Institution, el Museo Nacional de Mali y el Ministerio de Cultura de Mali, organizaron un seminario de formación para los profesionales de museos de África del Oeste. El seminario se desarrolló en 2014 en el museo de Mali, en Bamako, bajo el título ‘El museo se enfrenta a situaciones de conflicto’.