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de Mariana Mello Burlamaqui[1]

Museos y Divulgación Científica

 

Hoy, el conocimiento de la humanidad crece de una forma tan rápida que la misma no consigue absorber y mucho menos la enseñanza formal da cuenta de transmitir ese saber acumulado.


Una de las alternativas encontradas para disminuir ese desfase son las instituciones museológicas, que a lo largo de los siglos fue, y continúa, cambiando para buscar apartarse de la antigua concepción que entendía el museo como un espacio exclusivamente orientado hacia la conservación del pasado, hoy, Quieren establecer una comunicación con el presente y el futuro y están orientados a la preservación del patrimonio público, de la memoria y de las tradiciones. Se afirma, por lo tanto, como agentes constructores de la ciudadanía y de la democratización de los bienes culturales.

 

Es interesante observar este cambio que ocurrió en los museos y centros culturales. A diferencia de la idea de que los museos son lugares exclusivamente de conservación del pasado, las discusiones de hoy promueven la idea de que los museos deben ser considerados un instrumento para pensar el futuro, dialogando con el pasado.

Hay una búsqueda para que la sociedad vea en los museos un espacio de creación de su identidad y haga uso de su derecho a la memoria. Esta construcción de la memoria identitaria de la comunidad estimula el desarrollo local, pues el museo se convierte en el retrato de la comunidad, ciudad, estado o país.

 

Los museos no son escuelas, pero se definen como lugares donde se puede aprender, y una de las grandes dificultades de los museos y centros de cultura en general es el modo de transmisión del contenido, que debe ser muy bien trabajado.

 

No se trata simplemente de exponer una colección de objetos en un espacio público, sino de hacerlos comprensibles a través de diversos mecanismos y de lenguajes variados, para que el visitante salga de aquel espacio, no con todas sus preguntas contestadas, Pero con un mayor interés por el tema y con el sentimiento de querer siempre aprender más, es decir, la propuesta y de hacer del público un constante descubridor.

 

En estos lugares, cuya propuesta es la divulgación de algún saber científico, con un lenguaje propio, el elemento transmisor del contexto de la pieza son los mediadores, personas que deben estar preparadas para hacer esa comunicación.

 

La postura del mediador es fundamental y el gran objetivo es trazar un puente de comunicación entre el conocimiento científico y el público visitante. Esta comunicación no se hace sólo a través de mediadores en las exposiciones, sino también conferencias, talleres, kits educativos, piezas teatrales, videos y revistas. Es así que los centros de divulgación científica buscan acercarse cada vez más a sus visitantes.

Todos estos mecanismos son fundamentales para promover la divulgación científica de una manera interesante e instigadora al público visitante.

 

Con el crecimiento y el desarrollo de trabajos y espacios orientados a la divulgación científica, el interés por parte de la sociedad también creció. La democratización del conocimiento científico es una de las grandes preocupaciones de los museos y centros de ciencia, que ya no pretenden o deben ser vistos como lugares sólo para estudiosos del área, sino para cualquier visitante, independientemente de su formación profesional o personal.

 

Este trabajo de procurar establecer una identidad entre el público visitante y el saber científico, así como, llevarlo a comprender el significado y la utilidad de ese saber, puede ser desarrollado a través de la construcción de un discurso histórico comprometido con tal fin. La exposición debe involucrar al visitante afectiva y culturalmente para, de esa manera, llevarlo a la comprensión científica deseada, o al menos a acercarse a ella.

 

A través de diferentes técnicas expositivas, el visitante podrá establecer una relación con la temática y con el material expuesto, basado en sus experiencias propias y en su conocimiento previo, para de esa forma, atender a sus intereses y necesidades. Para que el visitante sienta algún tipo de interés por la exposición, es necesario que se establezca una relación de identidad entre el tema y el público.

 

La historia se constituye en un instrumento importante de diálogo con el pasado, como forma de presentar la transformación de nociones y conceptos y como uno de los contenidos más adecuados a la elaboración de los textos que acompañan a las exposiciones en instituciones comprometidas con la divulgación científica.

El gran presupuesto de la divulgación científica es llevar el conocimiento científico a la población en general, además de que la población debe tener conocimiento de las investigaciones que se están desarrollando. Muchos mitos y conceptos equivocados también pueden y deben ser presentados y, en la medida de lo posible, deconstruidos.

[1]Maestra en Historia de las Ciencias y de la Salud, Fundación Oswaldo Cruz (Brasil) y graduada en Historia por la Universidad Federal de Río de Janeiro.